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PersonajesEn esta sección podrá conocer un perfil distinto de algunos ushuaienses que se destacan por sus aportes culturales y sociales. Pablo Besse, dibujantepor Fernando Alba
Ushuaia, Magritte, BúsquedaSi Besse tiene que situar en qué momento comenzó a padecer la escuela, marca una cruz en séptimo grado. Una CRUZ. El fin del mundo lo recibió en 1984, para comenzar sus estudios secundarios. Autodiagnóstico: “estaba neurótico, tenía mucho conflicto conmigo y, por lo tanto, con el entorno”. Aquí descubrió naturaleza, silencio, pero eso no fue todo. Había una sociedad en una democracia recién nacida. De Ushuaia, “tengo el recuerdo de un lugar muy represivo”. Y otro polaroid: —La escuela, el secundario, el recuerdo que yo tengo era una caterva de militares, de cabezas militares que no sabían ni adónde iban ni se querían ellos. Y por lo tanto, había un maltrato generalizado. Y la escuela supo reaccionar a tiempo. Alumno Besse: expulsado. Pero Pablo nunca dejó de dibujar. Los trazos siempre lo acurrucaron. “Rastreando más atrás y a partir de mi decisión conciente de tomar esto como una tarea, me di cuenta de que los dibujos y las imágenes en general habían sido muy determinantes en mi vida”. Fue él. El pintor belga René Magritte tuvo la maravillosa culpa. Pablo estaba en primer grado cuando el surrealismo llegó a sus manos en forma de libro. Fue amor a primera vista. Y ya no habría cura para las secuelas. —Supongo que me flasheó mucho el contraste de tamaños... Sobre todo para mí, que era un niño de seis, siete años. Magritte ponía en relación objetos: un zapato en una habitación. Ese tipo de descubrimientos, retirar ese libro de la biblioteca, me han preñado, me han embarazado. Ya no hay forma de poder escapar al placer de mirar imágenes y producirlas. Y así como la escuela lo expulsó, luego volvió a reincorporarlo. Pero la enemistad entre el dibujante y la institución crecía. Por eso se dedicaba a llenar hojas de carpeta con sus dibujos durante las indigestas horas de clase. Leía mucho en ese entonces, y lo que descubría en la lectura superaba a lo que le ofrecían quienes estaban en las aulas. Recuerda que había docentes interesantes, pero ellos “eran individualidades dentro de una máquina muy extraña”. Las expectativas no se ajustaban a las voluntades. Dice Pablo que no puede faltar a la memoria. —Sentía mucha impotencia de tener la edad que tenía, de tener la desorientación que tenía, e ir a un lugar donde yo suponía y esperaba una onda, una línea, un afecto. Creo que todo eso era, sin exagerar, inexistente. Besse confiesa haber estado influenciado por visiones orientalistas relativas a la búsqueda, por la imagen del maestro y del discípulo. Fue a buscar un maestro para sí. Estaba en cuarto año, allá por el '88. “Cuando estuve más despierto y más pila, me dije ‘me tengo que ir de acá'”. Primero dejó el colegio. Después, emigró.
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P u b l i c i d a d
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